Rolls-Royce Phantom IV

Rolls-Royce Phantom IV

1956
Chasis: 4CS4
Carrocería: H J Mulliner

Si existiera un coche con la denominación de Carroza Real, éste no sería otro que el más exclusivo de los Rolls-Royce, el Phantom IV, dado que la privilegiada, y escueta, lista de sus destinatarios participaba de la condición de ser miembros de Casas Reales, o bien de Jefes de Estado, sin excepción. El ejemplar presente en el Museo formaba parte de un pedido de dos limusinas, diseñadas por el mismo carrocero, que le fue entregado a su original propietario, el Emir de Kuwait, en 1955. Cuatro décadas más tarde esta limusina en color cobre dorado y plata recaló en Torre  Loizaga, que tiene el honor de contar con uno de los diecisiete ejemplares existentes en el mundo

Este modelo representa una evolución del chasis del Silver Wraith, con el que también comparte rasgos de estética, como la forma de las aletas. El nuevo bastidor guarda más distancia entre los ejes y alcanza una longitud cercana a los seis metros. Esto permite alojar el que sería el primer motor de ocho cilindros en línea fabricado tras la guerra, que provee una capacidad de 5675 cc, y la potencia suficiente para mover un vehículo de tres toneladas de peso

El motor de este tipo de vehículos debe responder a tales características dado que están principalmente destinados a un uso ceremonial. El coche debe guardar el paso a pocas revoluciones, y a un límite de velocidad, sin sufrir en exceso por los trayectos largos. Otras características técnicas incluyen una caja de cambios de cuatro velocidades, una suspensión delantera independiente y un sistema de freno servoasistido

El diseño de las carrocerías fue compartido por H.J. Mulliner y Hooper, salvo un ejemplar encargado al fabricante francés Franay para un príncipe árabe, lo que daría lugar a acabados de gran variedad, que sorprenden por la ligereza de sus, sin embargo, voluminosas carrocerías

La limusina expuesta exhibe un peculiar foco, bajo el radiador, que emitía una luz roja cuando su primer propietario, el emir, iba a bordo

La producción del Phantom IV abarcó la década de los cincuenta. Se da la paradoja de que fue creado cuando la política del fabricante era la de acabar con los “grandes” Phantom, una vez finalizada la Segunda Guerra Mundial

En España residen tres modelos Phantom IV propiedad del Patrimonio Nacional y del Ejército que son utilizados en actos oficiales de estado

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